07 febrero 2012

NEO-SOLTEROS O NEO-NARCISISMOS


Trabajo presentado el 16 de Marzo de 2007 en el XXIII congreso de ARPAC “Psicoanálisis y la Relación de Objeto”.

Por: Lic. Ramona Cantú Westendarp



En diferentes publicaciones populares de prensa, revistas e Internet abundan artículos de elogio a la soltería. Cito de Internet: “Cada vez más personas reivindican vivir sin pareja. Desde el año pasado se festeja el Día del Soltero. ¿Cuándo? El 13 de febrero, un día antes del meloso San Valentín.”
Los hispano-parlantes descartan el término solterón(a) o quedado(a) por su connotación peyorativa; en su lugar adoptan los términos: (1) singles (del inglés) (2) impares ó (3) neo-solteros. Éste último lo acuñó la escritora Carmen Alborch en su libro “Solas”. A los neo-solteros los define así: "Son profesionales muy calificados, desenvueltos, competentes, seguros de sí mismos, y con un alto nivel cultural. No tienen por referente social la pareja, no están obsesionados por la estabilidad económica, pues ya la han alcanzado,  no renuncian a las comodidades sino por el contrario las buscan y saben disfrutarlas, no quieren sufrir experiencias dolorosas en el terreno del amor. No es para ellos una prioridad la vida en pareja ni casarse y no es un trauma la cama vacía, que compensan con el éxito profesional".
En Estados Unidos de América, los así llamados neo-solteros, han puesto de moda utilizar un anillo con un diamante en la mano derecha para ostentar su estatus que consideran tan glamoroso.
Otras modas que hemos importado del extranjero, principalmente de Estados Unidos, son  las relaciones de pareja Light  con sus variaciones, a saber, la relación de pareja llamada L. A. T. por sus siglas en inglés living apart together que se refiere a una relación de pareja, sin compartir la misma casa.  También existe en el repertorio el concepto de relación free, es decir, aquella en la cual se mantienen relaciones sexuales sin el compromiso de casarse ni de intentar ningún tipo de relación a largo plazo, y sobre todo, sin involucrar sentimientos amorosos. La diferencia del concepto de neo-soltero con éstas últimas modalidades es que en estas sí se conserva todavía la idea de tener pareja, aunque sea de forma parcial, efímera y utilitaria.  Lo peculiar del concepto de neo-solteros es que se sale precisamente de la modalidad relacional. Se funda como la no-pareja, la opción ideal de la soledad.
 Es un hecho que la cultura incide de forma multideterminada, en  tipificar, normativizar y en el peor de los casos, de cosificar los ideales relacionales. Pareciera que se marca un continuo, decrechendo, de  las relaciones de objeto totales, a las parciales, hasta llegar a la anulación de la pareja como un ideal.
Aún así, la  subjetividad no puede universalizarse, pero tampoco se debe dejar fuera del análisis la realidad externa. Realidad aprehendida por varias disciplinas del conocimiento de lo humano, no solo desde las teorías psicoanalíticas, sino incluyéndolas o re-ligándolas (Morín, 2004) a las mismas.   Coincido con Chodorow (1999) en su interpretación del psicoanálisis como la teoría que describe en detalle el modo en que el individuo se constituye en mediador, y a la vez, crea lo interior y lo exterior. La realidad psíquica como la realidad exterior son complejos productos de una creación, ninguna de ellas esta predeterminada exclusivamente; cada una contribuye a constituir y crear a la otra.
¿Cómo subjetiviza cada neo-soltero las consigas de su himno? De entrada se puede entender como un discurso defensivo, una racionalización colectiva, contra el dolor del fracaso en encontrar una relación de pareja estable. Pero, reconsidero ¿masas? No. A los neo-solteros se les adjudica una posición económica exitosa. Entonces ¿Solamente los ricos y cultos son neo-solteros? ¿Los pobres siguen siendo solterones(as)?
Es indudable que el concepto de libertad tiene una connotación positiva. El  objeto de amor debe elegirse libremente, en la medida que nuestros conflictos intrapsíquicos e interpersonales lo permitan. Sin embargo, el sentido de libertad que aquí se plantea, el estatus relacional de neo-soltero raya burdamente  en la psicopatología de la soledad.
Las raíces históricas de éste rechazo al amor apasionado son complejas. “La sociedad clásica reprobó a la pasión amorosa. Platón, en el Fedro la juzga un delirio, más tarde, en Las leyes llegó incluso a proscribir la pasión homosexual. Los otros filósofos no fueron menos severos y aún Epicuro vio en el amor una amenaza contra la serenidad del alma. (Octavio Paz,1993).
La filósofa Mary Midgley (1996) señala que existe una noción de libertad en el pensamiento moderno que la considera un aislamiento total, una independencia de todo vínculo personal. Procedente de Nietzsche y vigorosamente defendida por Sartre.
El psicoanálisis  también ha contribuido a su modo a “desengañarnos” del amor apasionado. Aunque nunca ha promovido como un ideal la vida sin pareja. Freud insistió en que la salud mental reside en la capacidad de amar y trabajar. Sin embargo, Mitchell (2002) menciona que el psicoanálisis tradicional conceptualiza el romance, la dimensión idealizada del amor desde un ángulo estrecho. El amor apasionado es fundamentalmente regresivo y defensivo, es un breve preludio para el amor ambivalente,  una vez que interviene la realidad y se vuelve más estable.  El autor también cita a Lacan, el cual parece nunca haber concebido la posibilidad de una relación genuina, aunque captó vividamente la degradación del romance al servicio de la ilusión de seguridad, con su famosa frase: el amor es dar lo que no se tiene a alguien que no se conoce.
Los sociólogos y antropólogos advierten que se debe respetar la opción de los que deciden quedarse solos. No obstante, cuestionar las decisiones personales es compromiso de los psicoanalistas con sus pacientes. Desanudar  formaciones de compromiso, o explorar narrativas neuróticas.
La decisión de quedarse sólo pudiera interpretarse desde un punto de vista sociológico como una respuesta a los valores en alza en el seno de las sociedades pos-industriales, donde la libertad económica va ligada a una revalorización del mundo de lo privado y lo intimo, a una exacerbación del individualismo, y en donde el sentido de la autonomía y la independencia personal cobran un gran protagonismo.
Algunos causas de la neo-soltería según supuestos sociológicos son la profesionalización de la mujer, la postergación del matrimonio, la mayor cantidad de divorcios y separaciones, la naturalización de la mono-parentalidad, la renuncia a la maternidad, las técnicas de inseminación  artificial,  la adolescencia extendida, una mayor expectativa de vida, y la importancia de la realización personal. Desde un punto de vista psicoanalítico clásico todo lo anterior podría ser considerado la consecuencia de no tener pareja, en lugar de ser visto como la causa.  Desde una perspectiva del pensamiento complejo (Morín, 2004) que va acorde, desde mi punto de vista, con el del psicoanálisis contemporáneo, lo anterior se puede entender como un bucle recursivo (Morín, 2004) circuito donde los efectos retro-actúan sobre las causa, donde los productos son en sí mismos productores de lo que los produce.
Realidad clínica: algunos analistas hemos observado repetidamente en la consulta que hay cierta cantidad de mujeres alrededor de los 30 años en adelante, que no logran encontrar pareja y que al parecer su problemática principal es la realidad externa: “los hombres disponibles no quieren o no pueden tener relaciones amorosas maduras”. Es una hipótesis que involucra factores de género. Si bien, hay muchos casos de ambos géneros sin pareja, que tienen evidentes conflictos para relacionarse por problemas caracterológicos.
Hasta aquí se van perfilando dos tipos generales de neo-solteros, los que lo deciden a priori  y los que lo asumen a posteriori. Al hablar de los primeros, los solteros por decisión premeditada, corro el riesgo de estar hablando de algo inexistente, ya que parto del supuesto que no existen en realidad los neo-solteros tal como se definen a sí mismos. No es creíble que carezcan del deseo o necesidad de tener una pareja. Los seres humanos adultos únicamente satisfacen ciertas necesidades psicológicas vitales relacionándose en pareja. Esta necesidad o tendencia obedece a factores bio-psico-sociales, a estructuras psicológicas profundas. Además habría que dudar de la elección de la soledad total, ya que en la definición “oficial” de neo-soltero, no se hace mención de la sexualidad de estas personas. Es de imaginarse que la mayoría de éstos neo-solteros ejercen algún tipo de sexualidad. Sea esta la masturbación como la condición sine qua non de la soledad o sean prácticas sexuales en un contexto de relaciones de objeto parciales, como una relación free, con sexo-servidores y/o varios tipos de parafilias. Pero aún en el caso de la masturbación y la hipotética asexualidad, las fantasías sexuales conscientes y/o inconscientes siempre están presentes.  Es decir, la relación objetal siempre existe. La cuestión  es la anulación a priori del objeto real, ya sea a manera de discurso social y sobre todo cuando el individuo en verdad llega a creerlo en su fuero interno, y lo asume como una consiga, como un estandarte. Este tipo de neo-soltero parece tener más relación con un trastorno de carácter narcisista. La negación, escisión o re-negación de desear una pareja, evidentemente de naturaleza defensiva contra el dolor psíquico y su concomitante pérdida de auto-estima. En éste grupo predominan los hombres, los del club de Toby, que por cierto, nunca ha sido tan peyorativo el estigma de solterón como el de solterona. Como mucho se ha estudiado, y se seguirá estudiando, los cambios de roles de género que han tenido las mujeres desde los años sesenta, han repercutido necesariamente en los roles de género masculinos. A través de un análisis histórico, Octavio Paz (1993) hace hincapié como es que la emancipación de la mujer tiene una incidencia directa  en cambios relacionales y sobre la idea del amor en las diferentes culturas. Aún así, no descarto el estudiar a las féminas en éste grupo. Ya es común escuchar a mujeres que se refieren a su pareja como su free, su juguete sexual, aún cuando él quiera una relación formal.
Pero no necesariamente a los neo-solteros les adjudico una patología narcisista, o de cualquier otro tipo de trastorno de carácter. Estos son los casos que nombro los neo-solteros que lo asumen a posteriori, aquellos que después de una larga lista de fracasos amorosos, siguen solos. En este grupo, en cambio,  predominan las mujeres y se podrían tipificar en el espectro de la neo-soltería en donde el conflicto es de origen externo, en donde el individuo procura una adaptación auto-plástica. “En éste mundo narcisista ya nadie quiere compromisos, así que mejor me conformo con lo que esté a mi alcance”. Estado en que se tiene que re-aprender a estar solo. Apunto re-aprender, si en el mejor de los casos, se llego a lograr ésta capacidad en el transcurso del desarrollo psicológico. La capacidad del individuo para estar solo, como la entiende Winnicott (1958) constituye uno de los signos más importantes de madurez en el desarrollo emocional. Esta capacidad es muy sofisticada y se adquiere después del establecimiento de las relaciones bi-personales, en la niñez temprana. La base para este logro es una paradoja, es la de estar solo, en la infancia y en la niñez, en presencia de la madre, cuando esta es suficientemente buena. Vuelvo a éste contexto con otra paradoja: aprender  en la adultez a sentirse acompañado cuando se esta ciertamente solo o en relaciones parciales. Después de un período de fracasos amorosos, cual fenómenos transicionales, el papel de la realidad exterior, es de desilusión gradual, no hay pareja disponible. En este proceso aparece entonces la depresión por la soledad y el intento de elaborarla.
En su interpretación personal de la teoría kleiniana, Ogden (1989) al referirse a  la posición depresiva, señala que la “depresión” de la posición depresiva no es algo que se supere o que se tenga que atravesar para llegar a otra fase de desarrollo. Los sentimientos de pérdida, culpa, tristeza, remordimiento, piedad, empatía y soledad son cargas inevitables si uno quiere llegar a convertirse en ser humano histórico. Lo que se gana es humanidad subjetiva y la posibilidad de ser libre para elegir. Reitera el autor, no se trata de un dilema que se resuelve: hay que cargar con ello, con todas sus ventajas y desventajas. No obstante, en lo que estoy tratando aquí, la realidad exterior se impone y aunque se sea libre para elegir, no hay de dónde. El catálogo de parejas se diluye y la depresión clínica se asoma como posibilidad.
Ogden (1989) nos recuerda que en la posición depresiva se crea y se mantiene por primera vez el sentimiento de soledad; que la vivencia de la soledad durante un periodo de tiempo requiere que el individuo tolere la presencia de una ausencia sin llenar el vacío con proyecciones del self o mediante el cumplimiento alucinatorio de deseos o la construcción de un mundo paranoide, en el que objetos persecutorios proporcionan constante compañía. Los pacientes que han alcanzado la posición depresiva de forma poco estable recurren con frecuencia a la defensa maniaca, nos dice, y ésta defensa incluye el rechazo de la propia dependencia de otras personas. En los casos de neo-soltería a priori se asevera la no necesidad o menoscabo del deseo de tener pareja, lo que se puede entender como una negación maniaca de la fase de transición  entre las posiciones esquizoparanoide y depresiva. El desprecio hacia el objeto sirve para aislar al individuo de la pérdida del objeto y pérdida de la autoestima.
En cuanto a los neo-solteros a posteriori los adaptados a su medio narcisista, si acaso tienen la capacidad de estar solos, buscaran medios para seguir creciendo como individuos y en relativa calma esperaran el momento de encontrar una pareja. Lograran contener ese vacío, esa falta de pareja, sin llenarlo de síntomas, sin objetos persecutorios, sin quiebres de carácter y sin quedarse atrapado en relaciones parciales creyendo haber encontrado a “la pareja” o en el peor de los casos, resignándose con una relación dañina. Obviamente no considero que al tener pareja se logre llenar esa “falta” en el sentido lacaniano, el falo nunca se tiene, está la opción de seguirlo siempre buscando o de conformarse con la falta. Aquí en cambio, se trata de no resignarse a quedarse solo, pero tampoco de volverse loco por la soledad.
Indiscutiblemente este fenómeno de la incapacidad para comprometerse en una relación de amor maduro tiene un espectro mucho más amplio que el aquí expuesto. Tiene que seguirse estudiando con otros modelos teóricos, ¿Acaso todos los neo-solteros temen quedar atrapados con la madre pre-edípica?
Lo positivo de estos cambios relacionales es quitar el estigma de estar sin pareja. Suficiente tienen como para agregar la etiqueta de solterón o quedado.
Como clínicos sabemos que no existen pacientes que encajen totalmente en nuestros modelos nosográficos, es casi improbable encontrar un neo-soltero a priori o a posteriori  puros. De tal forma considero importante incluir siempre en el análisis de nuestros pacientes neo-solteros la cuarta instancia: la realidad externa y la forma en que cada paciente la subjetiviza. Conjuntamente analizar  la capacidad de estar solo, de estar bien acompañado o parcialmente acompañados. Tendríamos también que  servirles de contención para tolerar la espera libres de ansiedad y depresión, sin que dejen de buscar, pero sin caer en actings. Cuidar de no reaccionar contratransferencialmente con desesperanza. Ayudarles a tolerar las relaciones parciales como paliativo de la soledad, sin que halla un incremento del masoquismo “adaptativo” con tal de retener a una pareja que rehuye  del vínculo. Permitirles  que nos usen como objetos analíticos (Bollas, 1989) sin convertirnos en sustitutos de pareja. Y en el camino, ¿porqué no? Ayudarles a conocerse más a sí mismos a través de cada nuevo intento de relación.
No me atrevo a pronosticar si este modelo relacional vaya a validarse y posicionarse de forma extendida en nuestra sociedad. Lo que si creo es que como psicoanalistas debemos estar abiertos a estudiar este fenómeno sin prejuicios teóricos ni actitudes superyoicas.
Quizás sea peor el miedo a la soledad que la soledad misma, y más triste sentirse solo estando acompañado.





REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


Bollas, C. (1989). Fuerzas del destino. Psicoanálisis e idioma humano. Amarrortu editores.

Chodorow, Nancy (1999). El poder de los sentimiento. La significación personal en el psicoanálisis, el género y la cultura. Paidós.

Midgley, Mary (1996). Delfines, sexo y utopías. Doce ensayos para sacar la filosofía a la calle. FCE.

Mitchell, Stephen. A. (2002). Can love last? The fate of romance over time. Norton.

Morin, Edgar. (2004). El Método 6. Ética. Ediciones Cátedra.

Ogden, T. H. (1989). La matriz de la mente: las relaciones de objeto y el dialogo psicoanalítico. Tecnipublicaciones S.A. Julian Yébenes S.A. España.

Paz, Octavio. (1993). La llama doble. Seix Barral. Biblioteca breve.

Winnicott, D. W. (1958). The capacity to be Alone. Int. J. Psycho-Anal., 39:416-420.





4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, me ha gustado saber un poco mas hacerca de los NEO-SOLTEROS, la verdad es que siento uno es soltero con conviccion y no por desicion, las verdad es que el tener tantos fracasos de amor hace pensar que uno mismo es el problema pero despues pienso que no debo cambiar para ser querida y si en este mundo no existe alguien con quien estar entonces mi destino es estar sola.

Aunque mi deseo no es estar sola toda la vida creo lo mas peligroso es que demos una imagen de fuerza y felicidad cuando en realidad estamos echos un mar de lagrimas y dolor por dentro y mas cuando vez que todos a tu alrededor comienzan hacer familia y tanto ellos como tus seres queridos presionan lo cual no creo sea muy sano para uno. En fin, muy agradable el articulo y te hace pensar no eres el unico mortal que piensa eso...

Gracias!¡

Ramona Cantú Westendarp dijo...

gracias por leerme!
No creo que el destino de alguien sea la soledad. En ocasiones vale la pena analizar a profundidad como es que participa uno mismo al elegir una pareja que nos va a desilusionar.

Admin dijo...

Hola,
Gracias primero por el articulo, es realmente interesante conocer estos puntos de vista.

Opino similar, No creo que sea la intención de nadie estar solo, mas aun, suena como un capitulo de la dimensión desconocida. Si bien ha sido una condición no es la verdadera intención. Sin embargo el cambio repentino de vivir con una pareja después de toda una vida de vivir solo, representa un gran cambio que puede ser no bien visto por muchos, no así imposible. La transición de un compromiso individual a la búsqueda de la supervivencia grupal es una habilidad que se puede desarrollar con el tiempo, pero esta condicionada a la capacidad de entender y aceptar este cambio como un beneficio a largo plazo, especialmente si nos detenemos a analizar en los cambios biológicos que vayan a sufrir nuestros cuerpos y la constante necesidad de comunicarnos con iguales, compartir nuestros logros o simplemente establecer una conversación. Necesidades que irán incrementando al pasar los años y que hoy no son tan importantes como las necesidades sexuales.

Gracias por esta información.

Edgar Silva dijo...

Hola muy buen post, felicidades! soy productor de radio, este será el tema de uno de mis programas, puedo tomar algunos apuntes de tu artículo, por supuesto que te doy la cita. Saludos